Este parlamento sabe (aunque a veces parezca que lo olvida) que su razón de ser es la convivencia de las diferencias. Está hecho, estamos hechos, para la convivencia de la diferencia… y su defensa.
Convivir es ser sin miedo.
Y para eso, en cada pedacito de sociedad donde todavía no esté desarrollado el respeto, es esencia de nuestro circunstancial lugar garantizar la tolerancia.
Defender la democracia, es defender la institucional garantía del derecho a las diferencias.
Recordar a Zelmar Michelini y a Héctor Gutierrez Ruiz y ese 20 de mayo, es recordar el horror del momento exacto en que el Estado secuestró la posibilidad misma de disentir sin terror. La decisión de construir terror. Terror al otro y a su diferencia. Terror a la confianza y a la convivencia.
Mañana otra vez caminaré en silencio, como pueblo.
En silencio como la forma más potente de palabra colectiva que conozco.
Y hoy, en esta Asamblea General, quiero expresamente recalcar que mis palabras,
con vocación colectiva, solo son, pueden y deben ser representativas.
Porque aquí está representada la República.
Sus partidos.
Sus contradicciones.
Sus discusiones.
Ayer el Presidente de la República Yamandú Orsi en Las Piedras recordó que:
“Las veces que el Estado se apartó de este camino, avasallando a la libertad, a la igualdad y a la justicia, el Uruguay abandonó la senda del artiguismo, traicionando nuestra propia esencia.”
Dicho en vísperas de hoy y de mañana, me caló profundo.
La dictadura sin dudas fue una interrupción institucional,
pero sobre todo una ruptura ética de la República consigo misma,
una traición al sentido de la patria.
Quisieron destruir la idea de que un país puede construirse sin unanimidad.
Quisieron destruir la idea de que nadie tiene derecho a imponerse
Quisieron destruir la idea de que el silencio no puede forzarse.
Acá falta gente. Acá faltan muchos.
Y en los últimos días se confirmó que la lista sigue abierta,
porque la verdad sigue encerrada y las responsabilidades pendientes.
El tiempo no completa por sí mismo la verdad.
Y la verdad no nacerá del odio, ni de la revancha.
La verdad deberá nacer de una forma radical de amor por la democracia,
y de amor por la condición humana.
Hoy homenajeamos a Zelmar Michelini y a Héctor Gutierrez Ruiz.
Su valentía política.
Su sensibilidad humana.
Su defender las instituciones desde esa sensibilidad y esa valentía.
Su defender la política como cuidado.
Que su homenaje también nos interpele.
Porque las democracias se rompen con tanques,
pero también se rompen relativizando el dolor, naturalizando la indiferencia.
Se rompen cuando la verdad incomoda.
Se rompen cuando perdemos humanidad y la política se convierte únicamente en administrar correlaciones de fuerza.
Falta gente. Faltan muchos.
Nos toca ocupar cargos transitorios en una República construida también sobre ausencias.
Tal vez el homenaje más serio que podamos hacer sea dejarlo todo en impedir que el miedo, la impunidad o la indiferencia vuelvan a ocupar el lugar de la política.
Tal vez el homenaje más útil que podamos hacer sea dejarlo todo en respetarnos.
Trabajemos con todo, en lo bueno no sobra nunca ningún esfuerzo.
Porque la patria (si quiere construirse verdaderamente a sí misma)
tiene que poder reconocerse con todas,
tenemos que poder reconocernos con todos.
