El Senado aprobó por unanimidad un proyecto de ley que busca modernizar y flexibilizar el registro de apellidos en las familias, eliminando desigualdades burocráticas y priorizando la voluntad de los padres.
Kramer definió la norma como “una especie de corrección de derechos”, al entender que “en las grandes leyes de conquistas de igualdad quedan algunos intersticios de injusticias burocráticas”.
Los puntos clave de la normativa son el orden de los apellidos: Las familias (ya sean por lazo biológico o adopción) podrán elegir libremente qué apellido va primero y el reconocimiento en parejas no casadas: Se eliminan exigencias adicionales para inscribir a hijos de parejas que no están unidas en matrimonio, facilitando el reconocimiento de la identidad de los menores.