“José Pedro Varela” de Vicente Martín en el despacho 23
En el 2010, 11 años después de empezar a escribirlo, Tomás de Mattos editaba “El hombre de marzo”. Ese libro, que rescata a un Varela que excede a nuestro profeta laico, me enamoró de Tomás y de José Pedro.
Según Tomás de Mattos Varela era un revolucionario doble, revolucionario de la educación pero también adalid frustrado de la reivindicación de la mujer en el siglo XIX.
En 1868 Varela sostenía que la mujer tiene que estar absolutamente equiparada en materia de derechos civiles y políticos al hombre. Demostró ese apoyo promoviendo que fueran elegidas y electoras en las asociaciones de la sociedad civil que estaban al margen de la estructura oficial de la educación.
Mitificar referentes es un error. Los simplificamos, los resumimos en frases y fragmentamos pensamientos. Varela carga además con mitos negativos.
Un gran mito en contra de Varela es el de ser colaborador de la dictadura.
Es cierto, fue colaborador de la dictadura de Latorre, pero dudó mucho en aceptar el cargo creo, creía Tomás, que en primer lugar bajo la duda de qué democracia estaría defendiendo. “¿cuántos eran ciudadanos en esa época? estaban excluidos todos los analfabetos por lo tanto los únicos que podían votar eran los señores que sabían leer y escribir que por supuesto eran fundamentalmente ricos y no pobres, fundamentalmente montevideanos y no de campaña.”
Latorre paradójicamente permitió la reforma que buscaba construir una democracia basada en la gratuidad, en la laicidad y en la obligatoriedad de la educación. Un período transitorio hacia una sociedad que no habíamos pensado nunca hasta ese momento.
“Nace algo que es fundamental en Varela: la escuela como vivero de republicanos, la profunda relación que existe entre educación y república, republicanos que sepan pensar por sí mismos, escuchar a los demás que piensan por sí mismo y pensar en los demás.”
“Así como nos adelantó un siglo en el tema de la mujer , también podemos decir que se nos adelantó dos siglos en el tema de la manera de hacer política.” Vivió una política de sacrificio “no solo sacrificar la vida, dar la vida por eso, sino incluso dar el propio honor. Es decir, perder la honra pero no el honor. Perder en definitiva el prestigio social pero no la tranquilidad de conciencia.”
“La otra cosa que me importa muchísimo de este Varela, es el hecho de que al lado del Estado tiene que estar la sociedad: el Estado es responsable de educar, pero también nosotros formemos una sociedad de amigos de la educación popular.”
La Reforma Vareliana creó escuelas principalmente en la campaña. Y además de priorizar el interior, priorizó el trabajo en equipo. “Fue un hombre que trabajó siempre en equipo y yo creo que una razón de la continuidad de la reforma es que, desapareciendo él en 1879, la reforma pudo seguir, porque tenía un equipo de maestros que pensaba con él.”
Dijo el propio Varela “No porque no podamos hacer todo, estamos autorizados a no hacer nada, debemos hacer siempre todo lo que podamos”.
